Invitados por el Instituto de Promoción Turística de Castilla La Mancha en colaboración con la asociación de bodegas Divinum Vitae, hemos realizado recientemente una ruta que nos ha deparado muchas sorpresas, todas ellas agradables.
Si hay algo fantástico del enoturismo, es que te invita a descubrir y eso nos ha sucedido con los territorios de Castilla La Mancha. ¿Sabe todo el mundo que es aquí donde se encuentra la mayor extensión de viñedos del mundo? Y de largo. De hecho, si alguien quiere contemplar y extasiarse con un mar de viñas, este es el sitio indicado. Pero también lo es para degustar una excelente cocina tradicional y de vanguardia, pasear por campiñas de apacibles y sosegadas lomas, conocer los espacios sorprendentes y bien cuidados de sus bodegas, villas, castillos y molinos evocadores de las hazañas de nuestro mas universal vecino. Pero sobre todo lo es para compartir con sus abiertas gentes algo que muy poca gente conoce: ¡unos vinos impresionantes!
De tiempo, no vamos a engañarnos, estas tierras estaban consideradas como el paradigma del vino a granel y peleón con el que este país acompañaba mantel a sus comidas. Después el vino dejó de ser producto de consumo familiar y cotidiano para caer en el desuso y cierto descrédito por su exigua calidad y repercusiones en la salud.
Transcurrían los años 80 cuando al calor de las Denominaciones de Origen comienza un resurgir espectacular del vino sobre dos pilares fundamentales: La calidad y la expresión cultural. Sabíamos de Rioja, pero empezamos a descubrir los Ribera del Duero, Priorato, Somontano, Albariño, Verdejo y un largo etcétera que embriagaban nuestros paladares y alegraban nuestro círculo de amigos. Pero, ¿Qué fue de La Mancha? Pues aquella cenicienta tuvo hijos e hijas que se arremangaron los brazos, estudiaron enología, se preocuparon por conocer las cualidades y calidades de sus tierras al tiempo de conocer cómo hacían otros y, al final, nos sorprendieron con un desfile impresionante de buenos vinos orgullosos de sus raíces. Equilibrados, cubiertos, con cuerpo pero también sutiles y elegantes. Unos vinos que hay que descubrir; una tierra que invita a ello y unas gentes que se hacen merecedoras de afecto y conversación.
Por otro lado, estos días nos han demostrado que esta tierra está llena de buenos emprendedores; gente inquieta y valiente dispuesta a apostar por su tierra y dejarse la piel en ello. Sabedores de las dificultades pero que no se arredran por ello y así apuestan decididos por una marca: los vinos de La Mancha; y un producto: el enoturismo. Un tandem que promete maridar perfectamente habida cuenta de la riqueza cultural y paisajística de esta región, de las buenas infraestructuras con que hoy cuenta, y de las fantásticas bodegas desde las que poder hacer múltiples actividades relacionadas con el vino o el ocio. El éxito, con estos ingredientes, está asegurado.
¡Suerte!
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Fecha: 2007-10-31