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Próximamente, en Otoño, rutas enoturísticas a Toro. ¡Infórmate!
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Y es que la evolución de estos vinos ha sido verdaderamente sorprendente, gracias sin lugar a duda al trabajo paciente de bodegueros de la zona que supieron en su momento creer en las posibilidades excelentes que ofrecía esta variedad hasta entonces bastante denostada, y al empujón que supuso igualmente el que algunos grandes del vino de su vecina Ribera del Duero apostaran por la misma estableciéndose en sus pagos.

Hoy decir Toro es quitarse el sombrero, ponerse en viaje y dejar que estas tierras recias y antiguas, bañadas una vez más por el Duero, nos susurren al oído que allí no hay prisa; que busquemos una piedra a la sombra de una encina y nos sentemos a contemplar la magia del tiempo y la naturaleza hábilmente combinadas para darnos un fruto, que estará a veces por encima de nuestros merecimientos pero que, generosamente, impregnará nuestros sentidos. Toro se ha hecho una grande de la nobleza vinícola. Y nobleza obliga.
Pero la magia de sus vides no está huérfana. La nobleza nunca viaja sola y así esta región de onduladas colinas, antiguo territorio de caza de reyes y nobles, conserva casi inalterada su esencia y su espíritu. Su esencia en forma de localidades como Toro, que aquí es decir todo y que nos sumergirá con su omnipresente colegiata en tiempos en los que el Cid era uno más entre tanto grande. Toro que nos impresionará y que bien merece que nos desviemos desde cualquiera de las carreteras que llevan nuestra ruta, así sean muchos los kilómetros. Si hay una ciudad que hace honor a su nombre y a su estirpe esa es Toro. Y no hay que decir más. Toca descubrirla.


Y su espíritu, el de sus gentes, descendientes del antiguo reino de León y por ello de noble hidalguía pero de generosa hospitalidad.

Y el Duero. Siempre el Duero, dueño y señor de estas tierras; inteligente y sabio administrador de las mismas, supo hacerlas merecedoras de lo que mejor sabían hacer: el vino. ¡Y Dios! ¡Qué bien lo hicieron!
Autor: Terravinum-
Fecha: 0000-00-00